La fiesta de la Mamá

En algunos países es todos los 10 de mayo, como en el Salvador o en Guatemala. En otros es siempre el segundo domingo de mayo. Mes mariano, dedicado a la Virgen María.

Esta fiesta es el día en que consentimos a nuestras madres, bello es consentirlas siempre, escucharlas y  abrazarlas.

Hum, espero hacerlo pronto con la mía, en tanto mi cariño va cada semana que nos oímos, y dentro de mi corazón siempre la oración a Dios y su Madre  que me la protejan siempre, que cada paso que haga sea bendecido.

Te amo mami linda, eres mi modelo a seguir ayer, hoy y siempre.

Bendiciones

tu hija

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Caminar con la verdad: periodismo de paz

Es necesario y urgente fomentar un periodismo de paz, dar noticias positivas, sin negar la existencia de los problemas graves. El nuestro debe ser un periodismo que vaya de la mano de la verdad, frenando y conciliando las diferencias.
Un periodismo hostil a las falsedades, un periodismo hecho por personas para personas, y que se comprende como servicio a todos, especialmente a aquellos que no tienen voz; un periodismo que no queme las noticias, sino que se esfuerce en buscar las causas reales de los conflictos, para favorecer la comprensión de sus raíces y su superación a través de la puesta en marcha de procesos virtuosos; un periodismo empeñado en indicar soluciones alternativas a la escalada del clamor y de la violencia verbal.
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Prevenir, reparar, curar y ver al futuro

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Unite to cure

Bajo el objetivo de prevenir, reparar, curar y ver al futuro, se han reunido un grupo de médicos científicos, junto a personas relacionadas con el mundo de la cultura, de la política y de diferentes religiones para trabajar juntos resolviendo y buscando soluciones para la cura de muchas enfermedades.

Cuarta edición de la Conferencia Internacional “Unite to cure” en el Vaticano. Entrevista a Max Gómez, periodista especializado en medicina, y uno de los participantes de la conferencia.

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La mujer en la sociedad actual

El papel de la mujer en la sociedad

El pasado 24 de abril se presentaron las conclusiones y recomendaciones de la reciente Asamblea Plenaria de la Comisión Pontificia para América Latina, CAL, reunida del 6 al 9 de marzo para tratar el tema: “La mujer, pilar en la edificación de la Iglesia y de la sociedad en América Latina

La CAL, consideró oportuno presentar este documento a los embajadores de los países latinoamericanos acreditados ante la Santa Sede, a los Rectores de los Colegios Pontificios, a los superiores y superioras religiosos latinoamericanos y a los oficiales del continente latinoamericano que trabajan en diversos dicasterios de la Curia Romana. El resultado, afirmó el secretario Guzmán Carriquirry, es de gran importancia como servicio al Santo Padre, a las Iglesias en América Latina, a las mujeres de nuestros pueblos y a todos los que se interesan y empeñan en el reconocimiento de su dignidad y de su aporte para la construcción de sociedades más humanas.

La Asamblea plenaria: un evento excepcional

Todos los que participaron en esta Asamblea quedaron sorprendidos de la libertad, profundidad y de la belleza de los intercambios y los debates que hubo para tratar a fondo el tema fijado por el Papa. No extraña, recordó Carriquirry,  que el Santo Padre haya elegido ese tema porque todos recordamos que, hablando a 60 obispos latinoamericanos reunidos por el Celam en Bogotá, dijo que la esperanza tiene rostro de mujer en América Latina.

Y en Lima, exclamó: ¿Qué sería de la Iglesia sin las mujeres?, dijo casi explícitamente que hay que reconocer, promover, sostener y potenciar la fuerza social y eclesial de las mujeres. Esto por cierto, afirmó Guzmán Carriquirry, que tiene sus antecedentes, en los pontificados anteriores, pero  el tema de la mujer se está imponiendo como un tema crucial para la Iglesia, porque  hace parte de las enormes transformaciones culturales que estamos viviendo,  y adquiere una envergadura civilizatoria: las relaciones entre los sexos, las relaciones matrimoniales y familiares, las instituciones y la Iglesia. Todo queda interpelado por esta renovada autoconciencia de la mujer sobre su dignidad, sobre su libertad, sus derechos, sus anhelos y también la conciencia de los sufrimientos, las injusticias y la violencia a la que a menudo está sometida. Por consiguiente, dijo, los participantes en la asamblea plenaria fueron muy a fondo tocando cada una de estas temáticas.

El machismo marca la vida social y eclesial de la mujer

Por consiguiente, fuimos muy a fondo en el análisis crítico de la sociedad latinoamericana todavía muy marcada por una cultura machista. Y el rostro pésimo de esta cultura es la violencia física, psicológica y sexual que se ejerce contra las mujeres, un poco por doquier. Hasta llegar a casos frecuentes de feminicidio. La mujer, objeto de la trata, la mujer, objeto del consumo sexual irresponsable de los varones, a través de la prostitución. A través de violencias, que después dejan abandonadas a las mujeres con sus proles.

Más adelante el secretario de la Cal dijo que si uno piensa en los altos niveles de indigencia y pobreza en América Latina uno ve que, dentro de los altos porcentajes de estos factores, las que más los sufren son las mujeres. La pobreza se ha vuelto sobre todo femenina. Los trabajos informales que son los que abundan en el continente, son ejercidos fundamentalmente por mujeres. Las mujeres son la mayor parte de la población activa desempleada. Y cuando la mujer invierte toda su capacidad de sacrificio, de gratuidad y de esfuerzo en el sostén y el cultivo de la prole dentro del hogar, incluso allí, está actividad en el Domus tan fundamental, la mujer se ve muchas veces desvalorizada, incluso menospreciada.

 

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Periodismo de paz en tiempos difíciles

paz en tiempos difíciles

«La verdad os hará libres» (Jn 8,32)

Es este el mensaje del Papa Francisco sobre esta 51 Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, donde nos recuerda ciertos aspectos que nosotros los periodistas, los comunicadores sociales no debemos nunca olvidar, para sentirnos libres, dignos y seguros que hemos aportado un grano de arena en alcanzar la tan idealizada paz en el mundo, por el bien de nuestros hijos y los hijos de sus hijos.

“La continua contaminación a través de un lenguaje engañoso termina por ofuscar la interioridad de la persona. Dostoyevski escribió algo interesante en este  sentido: «Quien se miente a sí mismo y escucha sus propias mentiras, llega al punto de no poder distinguir la verdad, ni dentro de sí mismo ni en torno a sí, y de este modo comienza a perder el respeto a sí mismo y a los demás. Luego, como ya no estima a nadie, deja también de amar, y para distraer el tedio que produce la falta de cariño y ocuparse en algo, se entrega a las pasiones y a los placeres más bajos; y por culpa de sus vicios, se hace como una bestia. Y todo esto deriva del continuo mentir a los demás y a sí mismo» (Los hermanos Karamazov, II,2).

Entonces, ¿cómo defendernos? El antídoto más eficaz contra el virus de la falsedad es dejarse purificar por la verdad. En la visión cristiana, la verdad no es sólo una realidad conceptual que se refiere al juicio sobre las cosas, definiéndolas como verdaderas o falsas. La verdad no es solamente el sacar a la luz cosas oscuras, «desvelar la realidad», como lleva a pensar el antiguo término griego que la designa, aletheia (de a-lethès, «no escondido»). La verdad tiene que ver con la vida entera. En la Biblia tiene el significado de apoyo, solidez, confianza, como da a entender la raíz ‘aman, de la cual procede también el Amén litúrgico. La verdad es aquello sobre lo que uno se puede apoyar para no caer. En este sentido relacional, el único verdaderamente fiable y digno de confianza, sobre el que se puede contar siempre, es decir, «verdadero», es el Dios vivo. He aquí la afirmación de Jesús: «Yo soy la verdad» (Jn 14,6). El hombre, por tanto, descubre y redescubre la verdad cuando la experimenta en sí mismo como fidelidad y fiabilidad de quien lo ama. Sólo esto libera al hombre: «La verdad os hará libres» (Jn 8,32).”

Liberación de la falsedad y búsqueda de la relación: he aquí los dos ingredientes que no pueden faltar para que nuestras palabras y nuestros gestos sean verdaderos, auténticos, dignos de confianza. El Papa nos dice que para discernir la verdad es preciso distinguir lo que favorece la comunión y promueve el bien, y lo que, por el contrario, tiende a aislar, dividir y contraponer. La verdad, por tanto, no se alcanza realmente cuando se impone como algo extrínseco e impersonal; en cambio, brota de relaciones libres entre las personas, en la escucha recíproca. Además, nunca se deja de buscar la verdad, porque siempre está al acecho la falsedad, también cuando se dicen cosas verdaderas. Una argumentación impecable puede apoyarse sobre hechos innegables, pero si se utiliza para herir a otro y desacreditarlo a los ojos de los demás, por más que parezca justa, no contiene en sí la verdad. Por sus frutos podemos distinguir la verdad de los enunciados: si suscitan polémica, fomentan divisiones, infunden resignación; o si, por el contrario, llevan a la reflexión consciente y madura, al diálogo constructivo, a una laboriosidad provechosa.

4. La paz es la verdadera noticia

El mejor antídoto contra las falsedades no son las estrategias, sino las personas, personas que, libres de la codicia, están dispuestas a escuchar, y permiten que la verdad emerja a través de la fatiga de un diálogo sincero; personas que, atraídas por el bien, se responsabilizan en el uso del lenguaje. Si el camino para evitar la expansión de la desinformación es la responsabilidad, quien tiene un compromiso especial es el que por su oficio tiene la responsabilidad de informar, es decir: el periodista, custodio de las noticias. Este, en el mundo contemporáneo, no realiza sólo un trabajo, sino una verdadera y propia misión. Tiene la tarea, en el frenesí de las noticias y en el torbellino de las primicias, de recordar que en el centro de la noticia no está la velocidad en darla y el impacto sobre las cifras de audiencia, sino las personas. Informar es formar, es involucrarse en la vida de las personas. Por eso la verificación de las fuentes y la custodia de la comunicación son verdaderos y propios procesos de desarrollo del bien que generan confianza y abren caminos de comunión y de paz.

Por lo tanto, deseo dirigir un llamamiento a promover un periodismo de paz, sin entender con esta expresión un periodismo «buenista» que niegue la existencia de problemas graves y asuma tonos empalagosos. Me refiero, por el contrario, a un periodismo sin fingimientos, hostil a las falsedades, a eslóganes efectistas y a declaraciones altisonantes; un periodismo hecho por personas para personas, y que se comprende como servicio a todos, especialmente a aquellos –y son la mayoría en el mundo– que no tienen voz; un periodismo que no queme las noticias, sino que se esfuerce en buscar las causas reales de los conflictos, para favorecer la comprensión de sus raíces y su superación a través de la puesta en marcha de procesos virtuosos; un periodismo empeñado en indicar soluciones alternativas a la escalada del clamor y de la violencia verbal.

El Papa concluye su mensaje con la bella oración franciscana: Señor,  Haznos instrumentos de tu paz, y nos da su último consejo en este mensaje, cada uno de nosotros periodistas, podemos hacer periodismo de paz, podríamos dirigirnos a la Verdad en persona de la siguiente manera:

Señor, haznos instrumentos de tu paz.
Haznos reconocer el mal que se insinúa en una comunicación que no crea comunión.
Haznos capaces de quitar el veneno de nuestros juicios.
Ayúdanos a hablar de los otros como de hermanos y hermanas.
Tú eres fiel y digno de confianza; haz que nuestras palabras sean semillas de bien para el mundo:
donde hay ruido, haz que practiquemos la escucha;
donde hay confusión, haz que inspiremos armonía;
donde hay ambigüedad, haz que llevemos claridad;
donde hay exclusión, haz que llevemos el compartir;
donde hay sensacionalismo, haz que usemos la sobriedad;
donde hay superficialidad, haz que planteemos interrogantes verdaderos;
donde hay prejuicio, haz que suscitemos confianza;
donde hay agresividad, haz que llevemos respeto;
donde hay falsedad, haz que llevemos verdad.

Amén.

 

La verdad nos hará libres

Periodismo de paz

Hoy se celebra la 52 Jornada Mundial de la Comunicaciones Sociales, como decía el papa en su mensaje dedicado a esta Jornada: “En el proyecto de Dios, la comunicación humana es una modalidad esencial para vivir la comunión. El ser humano, imagen y semejanza del Creador, es capaz de expresar y compartir la verdad, el bien, la belleza. Es capaz de contar su propia experiencia y describir el mundo, y de construir así la memoria y la comprensión de los acontecimientos.

Pero el hombre, si sigue su propio egoísmo orgulloso, puede también hacer un mal uso de la facultad de comunicar, como muestran desde el principio los episodios bíblicos de Caín y Abel, y de la Torre de Babel (cf. Gn 4,1-16; 11,1-9). La alteración de la verdad es el síntoma típico de tal distorsión, tanto en el plano individual como en el colectivo. Por el contrario, en la fidelidad a la lógica de Dios, la comunicación se convierte en lugar para expresar la propia responsabilidad en la búsqueda de la verdad y en la construcción del bien.”

Es solamente diciendo la verdad, divulgando la verdad, buscando la verdad, y no lanzarse a la primera Fake news, a la primera noticia falsa que nos llega sobre todo con internet y las diferentes plataformas, para crear un sensacionalismo, un scoop, sin buscar una noticia de contraste, que contraponga esa fake news, que la desenmascare. Porque estamos hablando con personas, de personas, por las personas. No podemos jugarles su dignidad, sus derechos humanos. Con nuestro bolígrafo, con nuestras palabras podemos arruinar la vida de alguien. Es una gran responsabilidad.

El Papa en su mensaje dice, que hoy, en un contexto de comunicación cada vez más veloz e inmersos dentro de un sistema digital, asistimos al fenómeno de las noticias falsas, las llamadas «fake news». Dicho fenómeno nos llama a la reflexión; por eso, el Santo Padre ha dedicado este mensaje al tema de la verdad, como ya hicieron en diversas ocasiones sus predecesores a partir de Pablo VI (cf. Mensaje de 1972: «Los instrumentos de comunicación social al servicio de la verdad»). Quisiera ofrecer, dijo,  de este modo una aportación al esfuerzo común para prevenir la difusión de las noticias falsas, y para redescubrir el valor de la profesión periodística y la responsabilidad personal de cada uno en la comunicación de la verdad.

“«Fake news» es un término discutido y también objeto de debate. Generalmente alude a la desinformación difundida online o en los medios de comunicación tradicionales. Esta expresión se refiere, por tanto, a informaciones infundadas, basadas en datos inexistentes o distorsionados, que tienen como finalidad engañar o incluso manipular al lector para alcanzar determinados objetivos, influenciar las decisiones políticas u obtener ganancias económicas.”

“La eficacia de las fake news se debe, en primer lugar, a su naturaleza mimética, es decir, a su capacidad de aparecer como plausibles. En segundo lugar, estas noticias, falsas pero verosímiles, son capciosas, en el sentido de que son hábiles para capturar la atención de los destinatarios poniendo el acento en estereotipos y prejuicios extendidos dentro de un tejido social, y se apoyan en emociones fáciles de suscitar, como el ansia, el desprecio, la rabia y la frustración. Su difusión, se lee en el texto,  puede contar con el uso manipulador de las redes sociales y de las lógicas que garantizan su funcionamiento. De este modo, los contenidos, a pesar de carecer de fundamento, obtienen una visibilidad tal que incluso los desmentidos oficiales difícilmente consiguen contener los daños que producen.”

Desenmascarar la mentira, erradicar las fake news 

La dificultad para desenmascarar y erradicar las fake news se debe asimismo al hecho de que las personas a menudo interactúan dentro de ambientes digitales homogéneos e impermeables a perspectivas y opiniones divergentes. El resultado de esta lógica de la desinformación es que, en lugar de realizar una sana comparación con otras fuentes de información, lo que podría poner en discusión positivamente los prejuicios y abrir un diálogo constructivo, se corre el riesgo de convertirse en actores involuntarios de la difusión de opiniones sectarias e infundadas. El drama de la desinformación, dice el Papa,  es el desacreditar al otro, el presentarlo como enemigo, hasta llegar a la demonización que favorece los conflictos. Las noticias falsas revelan así la presencia de actitudes intolerantes e hipersensibles al mismo tiempo, con el único resultado de extender el peligro de la arrogancia y el odio. A esto conduce, en último análisis, la falsedad.

Pero como afirma el Santo Padre, ninguno de nosotros puede eximirse de la responsabilidad de hacer frente a estas falsedades. No es tarea fácil, porque la desinformación se basa frecuentemente en discursos heterogéneos, intencionadamente evasivos y sutilmente engañosos, y se sirve a veces de mecanismos refinados. Por eso son loables las iniciativas educativas que permiten aprender a leer y valorar el contexto comunicativo, y enseñan a no ser divulgadores inconscientes de la desinformación, sino activos en su desvelamiento. Son asimismo encomiables las iniciativas institucionales y jurídicas encaminadas a concretar normas que se opongan a este fenómeno, así como las que han puesto en marcha las compañías tecnológicas y de medios de comunicación, dirigidas a definir nuevos criterios para la verificación de las identidades personales que se esconden detrás de  millones de perfiles digitales.

Pero la prevención y la identificación de los mecanismos de la desinformación requieren también un discernimiento atento y profundo. En efecto, se ha de desenmascarar la que se podría definir como la «lógica de la serpiente», capaz de camuflarse en todas partes y morder. Se trata de la estrategia utilizada por la «serpiente astuta» de la que habla el Libro del Génesis, la cual, en los albores de la humanidad, fue la artífice de la primera fake news (cf. Gn 3,1-15), que llevó a las trágicas consecuencias del pecado, y que se concretizaron luego en el primer fratricidio (cf. Gn 4) y en otras innumerables formas de mal contra Dios, el prójimo, la sociedad y la creación.

La estrategia de este hábil «padre de la mentira» (Jn 8,44) es la mímesis, una insidiosa y peligrosa seducción que se abre camino en el corazón del hombre con argumentaciones falsas y atrayentes.  Ninguna desinformación es inocua; por el contrario, dice Francisco, fiarse de lo que es falso produce consecuencias nefastas. Incluso una distorsión de la verdad aparentemente leve puede tener efectos peligrosos.

De lo que se trata, de hecho, es de nuestra codicia. Las fake news se convierten a menudo en virales, es decir, se difunden de modo veloz y difícilmente manejable, no a causa de la lógica de compartir que caracteriza a las redes sociales, sino más bien por la codicia insaciable que se enciende fácilmente en el ser humano.

Las mismas motivaciones económicas y oportunistas de la desinformación tienen su raíz en la sed de poder, de tener y de gozar que en último término nos hace víctimas de un engaño mucho más trágico que el de sus manifestaciones individuales: el del mal que se mueve de falsedad en falsedad para robarnos la libertad del corazón. He aquí porqué educar en la verdad significa educar para saber discernir, valorar y ponderar los deseos y las inclinaciones que se mueven dentro de nosotros, para no encontrarnos privados del bien «cayendo» en cada tentación.