La música barroca jesuítica aún vive

Las Misiones jesuíticas

Un jesuita romano viaja a Bolivia,  allí compone su música y hoy  chicos bolivianos que interpretan su música  vienen a Roma, a sus orígenes, con la música de este jesuita:  Domenico Zipoli.  Casi como dándole un homenaje.

Las misiones jesuíticas en la provincia de Chiquitos de Bolivia son las últimas en América del Sur que permanecen abiertas. Durante 300 años han sido lugares de culto así como centros de difusión y defensa de la fe en el País. Las misiones bolivianas construidas entre 1691 y 1760 han sido reconocidas como patrimonio de la humanidad por la unesco.  Las iglesias fueron restauradas en la década de 1960 a su belleza original.  Además de restaurar los edificios más de cinco mil partituras musicales fueron también recuperadas y forman la mayor colección de música barroca indígena de América del sur.  Las Iglesias albergan el festival americano de música barroca renacentista el evento más importante de su tipo en todo el continente.

La embajada de Bolivia ante la Santa Sede  con la colaboración de la Pontificia Comisión para América Latina han organizado tres conciertos  en Roma con  la orquesta sinfónica de la juventud boliviana Hombres nuevos.

Esta orquesta nace en el seno del populoso barrio Plan 3000 como una herramienta para desarrollar  las habilidades de los niños y jóvenes del más grande barrio de Santa Cruz de la Sierra. El mentor de este proyecto es el obispo emérito Mons Nicolás Castellanos. Este importante programa musical de gran impacto  social forma parte de la Fundación Hombres nuevos, del gobierno municipal de Santa Cruz y del sistema de coros y orquestas-SICOR, dirigido por el maestro Rubén Darío Suárez Arana.

Esta es su historia, de fe y esperanza: la pobreza no los detuvo, jóvenes bolivianos llegan al Vaticano con música barroca de las misiones jesuíticas en América. Estuvieron presentes en la Audiencia general presidida por el Santo Padre y le tocaron fragmentos de las obras barrocas.

También se presentaron en el Pontificio Instituto de Música Sacra donde escenificaron la Opera de San Ignacio de Loyola de Domenico  Zipoli bajo la dirección del Maestro Rubén Darío Suárez Arana.  En esta oportunidad se agasajó a Mons. Castellanos  por cumplir 25 años trabajando en el rescate de los jóvenes de su carente situación económica  y para convertirlos en talentosos artistas. Mons Castellanos renunció como obispo en 1991, y se fue como misionero a Santa Cruz de la Sierra para dedicarse por entero a los más pobres y desfavorecidos de la sociedad.  Un año después funda el proyecto Hombres Nuevos con el fin de construir una nueva sociedad a partir de la práctica cotidiana, individual y colectiva, de la solidaridad y la justicia social.

Por su calidad musical la sinfónica se ha convertido en un referente de Santa Cruz de la Sierra y es reconocida en todos los ambientes de Bolivia por haber interpretado obras coloniales, barroco europeo, obras para cuerdas de Grieg, Tchaikovski y Barber entre otros. Como parte de la preservación de la música barroca los diversos instrumentos  utilizados en la Sinfónica son traídos y producidos únicamente en las Misiones de Chiquitos, pueblo en el cual se encuentran artesanos originarios expertos en la creación de instrumentos musicales con el toque barroco y un fino acabado.

La Sinfónica tuvo presentaciones también en la Iglesia de San Ignacio de Loyola y en la Iglesia de los Españoles, para luego retornar a Bolivia.

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