Cuando alguien querido nos deja para siempre….

Es difícil, es duro, duele en lo profundo, los sentimientos van de la desesperación , la rabia, las ganas de alcanzar a nuestro ser querido, hasta el momento de enojarnos con Dios,  después comienza a caminar la resignación cristiana en el caso de nosotros los cristianos. Mientras estás con tu congoja, sientes su presencia, sientes sus palabras que te tratan de calmar, luego cuando poco a poco viene tu calma, es cuando lo dejas ir, al Cielo, al lado de nuestro Señor.  Y en la tierra te queda la esperanza de seguir sus anhelos, sus deseos, sus sueños rotos, interrumpidos por la muerte.  Y te conviertes en el portavoz de lo que fue, de lo que hizo. Y sólo así vives en paz contigo mismo y con el prójimo. 

Si la muerte nos ha arrebatado a un ser amado, seguramente hemos sentido el dolor emocional que ocasiona esa tragedia. Es un golpe terrible  que se intensifica con el transcurso del tiempo, y llorar sirve para limpiar esa fuerte herida.  Es difícil en los primeros tiempos asimilar esa pérdida. Con todo que uno sabe que hay que dejarlos ir, que ahora ellos descansan.  Nuestras reacciones a esta pérdida son necesarias para poder limpiar el alma del dolor que sentimos y poco a poco ir madurándolo hasta ver con más serenidad esa pérdida física, pero que se mantiene en nuestros corazones el recuerdo vivo de nuestro ser querido fallecido.

Según un artículo del sitio internet Catholic.net, el duelo es una experiencia que consiste en vivir con el dolor y el vacío de una ausencia que ni se llena ni se puede llenar con nada.   A veces se siente como si parte de uno mismo hubiera muerto también. Nada ni nadie hará que olvidemos a esta persona cuya presencia fue tan plena de significado para nosotros. Alguien muy importante para nosotros se ha ido, y al irse, parece que con él se llevó nuestra propia vida. Es imposible olvidar, y es equivocado tratar de olvidar; el empeño por aturdirse con mil y otras cosas y actividades resulta inútil pues parece que lleva a un efecto contrario a lo que se pretende: avivar más el recuerdo que se quería borrar”.

La muerte nos pone en directo contacto con nuestra fragilidad interior. Superar la muerte de un ser querido es un proceso lento que requiere fuerza de voluntad, un proceso de duelo que implica un tiempo de adaptación a la ausencia de esa persona querida.  Este proceso de duelo puede adquirir matices diferentes en función de cómo se produjo esta muerte. O sea, no es lo mismo asimilar la muerte de alguien ocurrida en forma repentina  o hacer frente al adiós de un familiar que ha luchado por un tiempo contra una enfermedad.

La única cura es vivir poco a poco con esa falta, con ese dolor, con esos recuerdos.  Recordando los momentos especiales. Y recorriendo los lugares especiales que se vivieron con el ser querido. Los sentimientos que nos recorren van desde la desesperación, los deseos de morirse uno también, hasta la rabia contra Dios, porque nos arrebató a nuestro ser querido. Y luego poco a poco, vamos entendiendo que tal vez era lo mejor que podía pasar porque estaba sufriendo mucho, (si es el caso que sufrieron una larga enfermedad que los fue aniquilando poco a poco), o si en cambio nos lo arrebataron de un solo nos viene el pensamiento que quien sabe que le deparaba su destino, que quizás fue lo mejor. Que ahora está descansando.

Sin embargo en esa primera fase de desesperación está comprobado que muchos han o hemos experimentado la sensación de que nuestro  ser querido ha llegado a calmarnos, a serenarnos, y no se ha ido al cielo hasta que no hemos encontrado la paz con nosotros mismos.  Incluso algunas personas muy sensibles, han o hemos sentido cómo en sueños nos han enviado mensajes nuestros seres queridos desde el cielo advirtiéndonos de otra muerte, o simplemente diciéndonos que todo está bien, que ellos están en un lugar bello.

Hablando con mi amiga Alva Ninnette Contreras Navas, sicóloga y de una profunda espiritualidad y religiosidad, me decía….

“Sin embargo dentro de nuestro ser seguimos en comunicación con ellos. Sin entrar en situaciones místicas, buscando consultas con ellos en esas especies de centros o lugares que hacen esto, pues la Biblia es clara que no hay que hacer este tipo de acciones. Porque Dios lo prohíbe en el libro de Deuteronomio. La certeza de que ellos comunican contigo no existe.  Ellos ya están en otra dimensión.  Solo su amor puede llegarnos pero no otra comunicación.  Son almas que viven para adorar a Dios.  Y morar en su presencia. Por eso es que en esta vida, seguimos buscando todo lo que a Dios agrada para llegar a ese lugar al morir y tal vez nos reconozcamos, en el cielo, y verlos allá.”

Hay momentos de congoja en los que mientras lloramos con desesperación a nuestro ser querido, sentimos esa energía positiva tan fuerte, que nos acompaña  en  cada momento de nuestras vidas.  Cuando era niña, tenía unos tres años, mi padre estaba muy enfermo de cáncer en los pulmones, era su consentida, será por eso que el día que se murió segundos antes de morir se vino a despedir de mí.  Por el  estado terminal de la enfermedad de mi papá, él dispuso que nos alejaran de él a mi hermano y a mí, que teníamos tres años yo, y un año él . Ese  9 de enero, como a las dos de la tarde, dejé de jugar con mis muñecas, me levanté y fui donde mi tía Marina, hermana de mi madre, le dije, con mis escasos tres años, que mi papi se había muerto, (a esa edad un niño no entiende el sentido de la vida y de la muerte) que se había despedido de mí, no terminé de decirle esto a mi tía cuando sonó el teléfono, era mi abuelo Paterno, que le decía a mi tía que mi papá nos acababa de dejar.

Años más tarde, a los doce años, en ese momento difícil que tienen los chicos cuando entran en la pubertad y la adolescencia, estaba enojada con Dios porque me había quitado a mi papi, lloraba porque me sentía necesitada de su presencia y nadie la estaba sustituyendo. Con esa pena estaba viviendo mis días difíciles, cuando tuve un sueño bellísimo, en medio de una nube vi a mi Papá, corrí a abrazarlo, y cuando lo hice lo sentí tan real, su espalda,  la materia que abrazaba, la textura de su saco, al abrazarlo mis manos tocaron su cuello y su cabello, era un abrazo muy real. Le dije que no me quería alejar más de él, y me contestó que no me tenía que preocupar que él siempre estaría conmigo, que me protegería y que protegiera a mi hermanito. Esa sensación de su protección me acompañó hasta que empecé la secundaria.

A pesar que deposité en su padre, mi  abuelo la necesidad de una presencia masculina en mi vida, un ejemplo masculino a seguir o a buscar, siempre sentí que mi papá me acompañaba en los momentos alegres y en los difíciles. Parece que algunas almas, sobre todo padres de familia que se hanido y han dejado a sus hijos muy pequeños en esta tierra, tienen una especie de permiso, para poder cuidar a sus hijos.  Mi experiencia no es extraña o ajena a ningún otro que haya perdido a su o a sus padres cuando era pequeño.

En agosto nos dejó un querido amigo, un hermano para mí,  el hermano mayor que no tuve, en agosto fueron interrumpidas nuestras charlas llenas de consejos, y planes para seguir promoviendo sus iniciativas y buscar la realización de sus sueños.  Su carisma, sus buenas vibras se fueron con él, y muchos que le quisimos nos sentimos abandonados, sin un punto de referencia.  Apenas supe de su muerte y meses después,  siempre en mi desesperación por su fallecimiento, sentí en esos  días que después de un momento de desconsuelo, de desesperación y rabia,  sentí como su  voz me decía de no seguir así, de pensar en mi futuro, en mi familia, en mis hijas, que me quería ver siempre sonriente y fuerte.  Minutos después alguien cercano a mí, ha solicitado mi presencia física, mental y espiritual, alguien que tal vez hasta ese momento, había dejado pasar mucho tiempo sin comunicarse conmigo, o nos habíamos encontrado muy raramente, y de repente, mientras estoy en mi momento negro, en mi abismo, esa persona me ha llamado para vernos o para platicar, porque sentía  que quería saber cómo estaba…

Comentando con mi amiga Alva Ninnette al respecto me decía sobre mis sueños o presencias, que ocurre a muchas personas, a ella también le pasó, ha soñado con sus amados que han muerto y en varios sueños los ve en un bello lugar vestidos de blanco brillante y felices. Ella les  habla y le dicen que es lindo habitar allí.

Y es que muchas personas que mueren y son resucitadas dicen haber visto a sus seres queridos, hay varios libros que coinciden en esto, entre ellos el Cielo es real  (título en inglés: Heaven is for Real: A Little Boy’s Astounding Story of His Trip to Heaven and Back) es un libro que relata la historia de un niño pequeño en su viaje de ida y vuelta al cielo, escrito por Todd Burpo y Lynn Vincent. Entre los diferentes testimonios,  hay  un sorprendente  relato de un señor que llegó al infierno, estuvo diez días en coma y fue al infierno. Hoy cambió su vida, ama y busca a Dios y dice que al morir no regresa a ese lugar!

Hay otra amiga querida Flor Sánchez–Nájera que ha tenido diferentes experiencias desde que vivió en primera persona la suya en el 2008, a partir de allí sueña. Claro no seguido, ni con todos los seres queridos que han fallecido, simplemente sucede.  Desde que comenzó a tener estas experiencias, ella se ha informado mucho, y se ha consultado con sacerdotes y su guía espiritual, además de leer muchos libros sobre el tema.

Entre los libros que ha leído están los de la siquiatra suiza Elisabeth Kubbler Ross, donde habla sobre sus tratamientos con pacientes terminales. Flor también ha tenido oportunidad de hablar sobre este tema con pacientes terminales de cáncer, pues por un tiempo trabajó con ellos, y pudo ver que sus experiencias personales, y las que le narraban los pacientes terminales, eran los mismos que narra esta importante siquiatra.

Hace 15 años trabajó con personas que sufrían de cáncer, su papá es oncólogo y ella vendía al centro las medicinas de la quimioterapia. Hablando con algunos de ellos, tuvo una experiencia con una paciente de su padre.  Cuando esta ya  por morir, ella quiso irse a los EEUU a un campamento donde estaban enfermos de cáncer y allí murió.  Un día antes de su muerte, Flor la soñó, ella le anunció su muerte. A  raíz de ese momento, Flor comenzó a tener este tipo de experiencias.

Trabajando con enfermos de cáncer y ver tanto sufrimientos no sólo de los enfermos, sino también de sus familiares, ella pensó que si algún día le tocaba sufrir esta enfermedad, no querría someterse a la quimioterapia, habría preferido dejarse ir. Mientras rezaba cada noche, le cuestionaba a Dios sobre el por qué estamos en esta vida, cuál es el motivo de vivir. Flor piensa que a raíz de este sentimiento es que vivió su experiencia en el 2008. 

En el 2008, mientras Flor corría en un maratón en las afueras de la Capital guatemalteca,  perdió el conocimiento, siguió corriendo por un kilómetro mientras estaba inconciente, hasta que se cayó. Al despertarse un señor (ella y su esposo aseguran era un ángel) le preguntó si podía levantarse, que le faltaba un kilómetro aún para llegar a la meta. Flor me dijo que su mente reaccionaba pero no su cuerpo. Tuvo miedo y comenzó a rezar el rosario. El señor la ayudó a subir a la ambulancia que la llevó al hospital de la región donde se efectuaba el maratón.  Mientras el señor le preguntaba donde estaba alojada, ella entraba en estados de conciencia e inconciencia.

En uno de esos estados de inconciencia, oyó una Voz  que le dijo:  “por qué corres, la vida no es correr, la vida es amar. Tú estás aquí para amar, no importa como te amen, algo difícil.”  Mientras ella continuaba rezando, y pidiendo perdón a Dios por todo lo que había hecho, bueno y malo,  le dijo a Dios que si había llegado su hora se dejaba ir.  A partir de allí, vio pasar por su mente como una película su vida entera. Y sobre todo la Voz que le dijo que no es su tiempo ahora, “si mueres tu esposo  quedará sólo se hará otra vida, pero no es lo que quiero para él. Segundo, tus padres; no les daré ese dolor. Tercero, tus hijos están en una etapa que te quieren y necesitan” y pudo ver a su hija mayor graduarse, y hoy día es un abogado.  Vío a su segunda hija  que se tenía que graduar de bachiller y hoy día es ingeniero. Vio a su tercer hijo que entonces era muy pequeño y la Voz le dijo que la necesitaba, y a dos amigas suyas muy queridas.  Después Flor vio una luz resplandeciente que la llamaba, la atraía para seguirla, sentía una paz, y que a pesar de todo lo que le dijo la Voz ella quería ir allí a ese bello lugar lleno de paz y tanta luz.

Cuando se despertó vio a su esposo a su lado en el hospital, le habían diagnosticado  una convulsión en el lado izquierdo de su cerebro. Su esposo le dijo que gracias al señor que la ayudó el supo de ella, pues lo llamó por teléfono diciéndole en que hospital estaba, al llegar al centro, el señor lo estaba esperando, le entregó todas las pertenencias de Flor y le indicó la puerta de entrada le dijo vaya Ud, entre que a mí no me dejan entrar. Cuando el esposo de Flor vio la indicaciónque le dio el señor, y se giró de nuevo para agradecerle, ya no estaba. Había desaparecido. Por eso hasta el día de hoy, se preguntan quien era esta persona, que se tomó la molestia de seguir de cerca a Flor en su momento difícil, la ayudó, recogió sus pertenencias, avisó a su familia. Y luego desapareció. La única respuesta que te viene es que era un Ángel.

En el momento de su inconciencia, Flor sintió muchísima paz, indescriptible, y le pierdes el miedo a la muerte, dijo, porque  sabes que si hay algo más,  es un estado del alma.  En ese momento te sometes a un autoexamen de conciencia y de actos con el prójimo y contigo mismo sobre todo. Es por  nuestros actos en la vida, por lo que al final seremos examinados, por así decirlo. Las personas al morir ya no sufren igual que en la tierra. Si piden perdón a Dios de corazón y sobre todo a ellos mismos.

A finales de enero de este año, Flor soñó a su suegro fallecido Hace 20 años, nunca lo había soñado y le contó que su  suegra iba a fallecer. Que ya habían venido por ella. Pero ella tenía miedo. Y le  dijo cómo y dónde la iban a enterrar. Y todo sucedió como su suegro le dijo. Algunas almas se comunican, pero no todas y no con todas las personas. El tiempo de ellas no es igual al nuestro. Para algunas almas es más rápido, para otras no.

Algunas almas se purgan, como se lo dijo su abuelita, que la soñó inmediatamente después de morir. Le contó que se estaba purgando. Pero se le miraba tranquila. Me imagino, dijo Flor,  que ha de ser algún aprendizaje de su alma que todavía le faltaba. Me dijo que no la volvería a soñar más y así fue. Flor la quería muchísimo. Hace poco soñó a una amiga que murió el año pasado, confirmándole que sus experiencias y lo que sueña es real.

Siempre mi amiga Flor me contaba: “Tuve un sueño muy interesante antes de que mi suegra falleciera, soñé con ella seis días antes, ella estuvo agonizando 15 días. Lo lindo fue soñarla que iba muy feliz, se notaba que ya iba superando ese miedo que tenía. Este proceso es para unos más corto, para otros más largo.  Los que mueren en un accidente será diferente, pero en el caso de mi Suegra ella estaba muy contenta. Estaba vestida de amarillo, y se puede decir que ese color es significativo de que ya vas a trascender.  Te toca irte.

Además le decía que no deben pelear.  Yo voy muy feliz, no peleen, le dijo en su sueño.  Y la verdad que me sirvió mucho, dijo Flor, se lo dije a mis cuñadas, a mi esposo,  ya que como hermanos siempre hay peleas y desacuerdos,  porque lógicamente hay muchas cosas que pensar cuando alguien ya va a fallecer. Cosas técnicas que arreglar con el funeral, el entierro, y todo eso la persona lo siente.  Ese sueño ayudó muchísimo porque murió muy en paz a los seis días que le tocó morir.”

Todas las almas se despiden. Mi amiga Flor me decía que al consultarle a su hermano que es  oncólogo sobre que dicen sus pacientes terminales, si sienten la presencia de sus seres queridos que ya fallecieron, que los vienen a traer, y le dijo que  todos sin excepción siempre hablan de alguien que ya murió un papá, un hermano, un hijo, que los vienen a traer.  Las almas de nuestros seres queridos vienen a traernos cuando estamos por trascender hacia ese nuevo camino, su objetivo es enseñarnos la vía y quitarnos el miedo.  Todos tenemos miedo de morir, porque vamos a algo desconocido. Nadie nos cuenta como es, o que se va a sentir , y cuando quieres expresar tus experiencias, me dice Flor, hay muchas personas que no las quieren escuchar por el mismo miedo que han de tener.

Experiencias aparte, según los sicólogos, lo  correcto es aprender a vivir con ese duelo, con ese dolor a cuestas, y aconsejan tratar de vivir el duelo sin amargura, sin perder la paz, y hasta con una profunda sensación de sereno desprendimiento en lo íntimo del corazón. “Se puede asumir el dolor de una manera constructiva. Pasado cierto tiempo no es extraño sentir falta de consuelo y comprensión ante ese gran dolor. Nadie está preparado para el dolor y menos aún el que produce la muerte de un ser querido. La inmensa mayoría de quienes experimentan esta vivencia pasan por ella con sufrimiento y carencias afectivas. ¿Se puede romper ese círculo que nos atenaza? ¿Podríamos aceptar de forma diferente este hecho? ¿Se puede entender la Vida después de conocer la Muerte de una manera tan cercana? ¿Se puede mirar el Futuro y sobre todo el Presente sin “vivir” en función del Pasado? ¿Se pueden romper los apegos? ¿Estamos capacitados para sacar algo positivo de esta experiencia? Estas preguntas son respondidas con el fruto de nuestra fe Cristiana, abriendo el corazón para sentir la nueva presencia que emana de la fuerza resucitada de Jesús.

Frente a la muerte, es difícil expresarse. Cuando te informan de la pérdida, puede que sientes shock, adormecimiento o confusión. Puede que uno no se acuerde de las cosas que le estén diciendo. Puede sentirse adormecido, como si estuviera siguiendo los pasos que tiene que seguir como un robot. Puede sentir o actuar como si la pérdida nunca ocurrió. A esto se le llama negación. Poco a poco, el shock se irá, y la realidad empezará a concretarse. Uno se dará cuenta que la pérdida realmente ha pasado.”

Según el artículo sobre el duelo del sitio catholic.net,  escrito por un Psiquiatra Católico, el  Dr. Ricardo Rozados afirma que es normal sentirse abandonado y molesto y dirigir nuestra amargura en contra Dios, la religión, doctores y enfermeras, la persona que ha muerto u otras personas a las que ama y uno mismo. “Frecuentemente, especialmente en los creyentes, esta rabia se puede dirigir contra Dios a quien se le acusa de haberse “llevado” al ser querido, o de al menos haber permitido su muerte. Para el hombre y mujer de fe, esta actitud de protesta es muy lógica, y puede revelar también un cierto grado de confianza en Dios: es como el reclamo del hijo ante el Padre, por una decisión que no comprende. Los salmos bíblicos están llenos de estos gritos de protesta del justo que eleva su voz ante Dios. Sentirse enojado, especialmente con Dios, no es inusual aunque puede producir desasosiego. Aceptar su enojo y permitirse tener esos sentimientos es la mejor manera de hacerles frente.

Está bien hacerle saber a Dios lo enojados y disgustados que se sienten; esto es necesario para poder sentirse en paz con su espiritualidad.”   Hay también sentimientos de culpa, hay como un repaso por los momentos en los que tal vez le provocamos un disgusto o no comprendimos a nuestro ser querido.  Y nos abordan sentimientos de  “si hubiera hecho esto” o “por qué yo le hice esto”,  esta es la etapa más dolorosa del proceso. Pero según expertos no dura para siempre.  Como dice el dr. Rozados, “en la aflicción normal, la depresión se irá con el tiempo. Puede empezar a sentirse mejor de pequeñas formas. Por ejemplo, puede encontrar más fácil levantarse en la mañana, o puede que sienta una pequeña ráfaga de energía. Este es el tiempo en que empezará a reorganizar su vida alrededor de su pérdida o sin su ser amado.”

Más adelante en su artículo este psiquiatra católico, afirma que  si alguien a quien se ama ha muerto, puede que reproduzca memorias una y otra vez en nuestra cabeza.  Y puede que sintamos  la presencia del ser amado, pensar que lo podemos  ver o pensar que podemos  escuchar su voz. Puede ser que nos sorprendamos  conversando con la persona que hemos  perdido como si él o ella estuviera en el cuarto con nosotros.   “La actitud del creyente respecto de su fe en la otra vida nos proporcionará con el tiempo paz, sosiego y aceptación serena de la pérdida, viviendo los acontecimientos a la luz del amor de Dios. Muy atrás quedará en la experiencia la Conciencia de la finitud humana la crisis de fe, las dudas del amor y bondad divinas, cobijada en la esperanza de la trascendencia Eterna. El que partió está en el corazón de Dios ya no sufre, y el único sufrimiento, es ver el dolor que ha causado su partida. Alivia el dolor saber que vamos a encontrarlo en el corazón de Nuestro Padre Celestial, donde todos vamos a estar un día que no va a conocer el ocaso. La vida es la consumación y no la muerte, y esta se convertirá en la ofrenda más hermosa y agradable con la que nos presentaremos al Señor de la Vida.”

Consideremos que la  muerte no tiene la última palabra: la vida no termina, se transforma. Los hombres que contemplan el sepulcro de Jesucristo viven en la esperanza de la Resurrección. La muerte nos revela lo que el hombre es: “polvo, ceniza, nada”. Quien muere deja una luz y alcanza otra. La muerte es el paso a la eternidad. La muerte es fin e inicio. Morir en gracia de Dios significa conquistar la cumbre, la meta, el abrazo eterno del Padre. San Francisco cantó: “Y por la hermana muerte, ¡loado mi Señor! Ningún viviente escapa de su persecución; ¡ay, si en pecado grave sorprende al pecador! ¡Dichosos los que cumplen la voluntad de Dios!”.

La felicidad del hombre consiste en amar y ser amado. Cuando un alma parte a la casa del Padre ahí es amada por Dios y ama a Dios. Un día el hombre dejará de sonreír, de caminar y de cantar… pero nunca dejará de amar. En vez de recibir la muerte con lágrimas, deberíamos recibirla con una sonrisa porque nos conduce al encuentro, cara a cara, con nuestro Creador.  San Ambrosio predicó: “Es verdad que la muerte no formaba parte de nuestra naturaleza, sino que se introdujo en ella; Dios no instituyó la muerte desde el principio, sino que nos la dio como un remedio (…). En efecto, la vida del hombre, condenada por culpa del pecado a un duro trabajo y a un sufrimiento intolerable, comenzó a ser digna de lástima: era necesario dar un fin a estos males, de modo que la muerte restituyera lo que la vida había perdido. La inmortalidad, en efecto, es más una carga que un bien, si no entra en juego la gracia (…) No debemos deplorar la muerte, ya que es causa de salvación”.

Creo que al final, al aceptar  la muerte de un ser querido, sucederá cuando le daremos  gracias a Dios por el tiempo que nos lo ha dado, por las huellas que dejó en esta vida, y la oportunidad que tuvimos de estarle cerca, de haber sido parte de ese círculo de personas que nos quiso,  que de una u otra forma se despidió de nosotros con su sonrisa, con sus ojos llenos de cariño.  Y llenándonos de paz y resignación cristiana, le dejamos ir, le dejamos descansar en paz.  Y de allí a nosotros nos toca orar, y recordarles con cariño. Ellos después si quieren o pueden, te acompañan por medio de sueños. Es un tema que mucha gente tiene miedo afrontar.

Hay que superar la falta física de nuestro ser querido recordándolos con alegría , con cariño, la tristeza es la nostalgia de no tenerlos más con nosotros,  es ese amor que creemos que perdimos, simplemente trasciende, ya no se puede tocar físicamente pero sí se puede sentir , es perdonar y que ellos nos perdonen.

Patricia Ynestroza

Periodista, católica, que ha vivido más de una vez estas experiencias

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Foto de Flor Sánchez-Nájera: “Atardecer en playa del Pacífico: en este lugar se resume todo. Lo inmenso del mar, la grandeza y belleza del Cielo.”
Bibliografía usada libremente:

http://es.catholic.net/op/articulos/51704/cat/1043/el-duelo-enfoque-de-un-psiquiatra-catolico.html

El duelo (Enfoque de un Psiquiatra Católico) ¿Se puede entender la Vida después de conocer la Muerte de una manera tan cercana? ¿Estamos capacitados para sacar algo positivo de esta experiencia?Por: Dr. Ricardo Rozados MD. PhD. | Fuente: http://www.psicomag.com Introducción Bienaventurados los que están de duelo: Dios les consolará. (Mateo 5:1)

http://es.catholic.net/op/articulos/8170/cat/188/7-consejos-ante-la-muerte-de-un-ser-querido.html

7 consejos ante la muerte de un ser querido. Las dos verdades absolutamente ciertas de la vida son nuestra existencia y lo inevitable de nuestra muerte. Todos los hombres mueren, pero no todos viven.Por: Ricardo Ruvalcaba, L.C. | Fuente: Catholic.net “Ven, siervo bueno y fiel; entra en el gozo de tu Señor” (Mt 25, 21)Ricardo Ruvalcaba, L.C.

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