Tristán e Isolda

Tristán e Isolda

Tristán e Isolda, Ópera de R. Wagner

El audaz intento de Richard Wagner de expresar la imposibilidad del amor perfecto en Tristán e Isolda dio lugar a una de las obras más debatidas de la historia de la música. Gran obra maestra del romanticismo alemán, un drama musical en tres actos compuesto entre el 1857 y 1859, se basa sobre la historia francesa narrada por Tomás de Bretaña en el siglo XII que inspiró luego el poema de Godofredo de Estrasburgo, uno de los poetas alemanes más importantes de la Edad Media. Una de sus más afamadas obras fue Tristán, uno de los caballeros de la mesa redonda en la narración arturiana. La leyenda cuenta el idilio del caballero Tristán con una princesa irlandesa llamada Isolda, aunque es mejor conocida como «Isolda la Bella».

Wagner, quien es el autor del libreto condensa el infeliz e imposible amor entre el caballero Tristán sobrino del Rey Marke  y la princesa irlandesa Isolda, cargándola de complejas y sofisticadas implicaciones filosóficas entre el eros y el tánatos convirtiéndola en una obra fina pero extremadamente difícil.  A pesar de haber sido terminada en 1859, Tristán e Isolda no fue estrenada hasta el 10 de junio de 1865 en Munich. Wagner había tenido que abandonar todo intento de presentar su obra en Viena cuando, después de setenta y siete ensayos, los músicos y cantantes que había reunido declararon que su ópera era imposible de interpretar.

El compositor alemán había encontrado un cuento que reflejaba fuertemente los eventos de su propia vida, habiendo experimentado él también, muchos años antes, un amor imposible por Mathilde Wesendonck, la esposa de uno de sus benefactores. Esto le inspiró para componer una música que a veces suena como si viniese de otro mundo, una música que expresa la agonía y el éxtasis del amor en todas sus formas.

Esta bellísima obra se presentó en el Teatro del Opera, la orquesta del teatro fue  dirigida por primera vez por Daniele Gatti, quien está considerado uno de los mayores directores a nivel internacional y entre los mejores intérpretes wagnerianos de hoy. Los protagonistas del drama  fueron  Andreas Schager (Tristán) y Rachel Nicholls (Isolde). El director Daniele Gatti, hablando sobre la ópera, dice que es una obra sobre la muerte y no sobre el amor.  Tristán e Isolda se convierten en dos arquetipos del amor imposible, de quien no logra vivir el amor puro. Una obra llena de extremos, desde el odio de Isolda contra Tristán por ser el asesino de su prometido, y luego ese odio pasional se convierte en un amor sin condiciones. Rompiendo los esquemas. Me sorprendió el papel del Rey Marke, quien una vez enterado de este amor entre Tristán e Isolda, en vez de dejarse ir por los celos y la rabia, lo movió la comprensión, la ternura y el fuerte deseo de unirlos para siempre.

Se reconoce en Tristán e Isolda el canto supremo del amor, de un amor que se hace tan fuerte que ningún poder de la tierra puede impedir la unión de los amantes. Pero también de un amor cuyo cumplimiento sólo puede encontrarse en la muerte, en la “nada”, que por lo tanto en su esencia más íntima busca la disolución y está dispuesto a eliminar las últimas ataduras con lo terreno. Y podría decirse que también el destino es una figura sobresaliente en el drama. Wagner le da la forma de elixir de amor y convierte a Brangania, criada de Isolda, en su dócil instrumento. En vez de darle a Isolda el veneno  de la muerte, le da el elixir de amor, derribando así completamente el odio en su corazón.

La leyenda de “Tristán e Isolda” constituye una de las grandes creaciones poéticas y espirituales, cargadas de símbolos y portadoras de Fe. Esta obra representa en Tristán los nobles sentimientos que honraban la Edad Media, y en Isolda, en la encarnación de la unión indisoluble entre el amor y la muerte. Es la heroína y la víctima de la fatalidad de un amor más fuerte que la vida y que el honor.

Y se puede resumir en el momento en el que ambos cantan:

“¡Así moriríamos para, sin separarnos, eternamente uno, sin fin, sin despertar, sin temer, sin nombre, abrazados en el amor, entregados del todo a nosotros, vivir únicamente para el amor!”. La melodía parece emanar del cadáver de Tristán que tiene a su lado y solo ella la oye al tiempo que, más que propiamente morir, se transfigura para evitar la separación de su amado y trascender con ello el deseo y el dolor. Hay una característica con las heroínas de Wagner: no agonizan desangrándose como sus héroes, sino que expiran sin más o se inmolan.

De camino a Cornualles, Isolda, una princesa irlandesa, es el botín con el que Tristán quiere rendir homenaje a su tío, el rey Marke. Sin embargo, es también la mujer que le ha salvado la vida. Cuando Isolda descubre que Tristán, el guerrero al que ha curado tras la batalla, es también el hombre que mató a su prometido, ésta se encuentra desgarrada por dos sentimientos extremos, el amor y el odio. Isolda está decidida a poner fin a su tormento envenenándose con Tristán, pero su doncella, Brangania, prepara una poción de amor en lugar de un veneno. La princesa finalmente se casa con el rey Marke pero es Tristán quien ha capturado su alma. Cuando la verdad sobre su relación es descubierta por Melot, un caballero de la corte real, Tristán, muy avergonzado por haber traicionado al rey, cae de buen grado ante la espada de su antiguo amigo. Mortalmente herido, Tristán es llevado a su Bretaña natal por su criado Kurwenal mientras Isolda, desesperada por reunirse con su amante antes de que éste muera, corre a su lado.

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